La Ciudad de las Ideas es una reunión anual celebrada en Puebla de los Ángeles, México, en donde mentes pensantes de todo el mundo (científicos, líderes de opinión, creativos, entre muchos otros) se organizan para exponer de la manera más apasionada ideas nuevas y provocadoras sobre diferentes temas. En virtud de esto, dicha reunión tiene como objetivos principales los siguientes: replantearse ideas preconcebidas, examinar la experiencia adquirida, debatir lo ya conocido y reinventar el futuro.
En el episodio que observé, Eduard Punset entrevista a la ingeniera y médica Catherine Mohr, quien es una mujer emprendedora que intenta reinventar el uso de las máquinas médicas con el fin de que puedan llegar a aquellos lugares que los ojos humanos no pueden hacerlo, y claro está, de la manera menos dañina posible. Por consiguiente, busca que en el futuro la tecnología sea aquella en donde las personas sepan aplicarla, y no como sucede hoy en día, que cada vez se inventan nuevas cosas pero se carece de un pensamiento adecuado de aplicación.
Visto lo anterior, la señora Mohr lo que intenta a través de la invención de máquinas médicas es el de promover técnicas no invasivas para que la persona que está siendo tratada quede “entera” después de recibir el tratamiento, ya que paradójicamente, la medicina que se practica en el presente es una en donde se interfiere totalmente con la vida del paciente, es decir, por ejemplo, cuando se le encuentra cáncer a alguien se le somete a quimioterapia y se le extraen partes de órganos, lo cual claramente disminuye sobremanera la calidad de vida del paciente.
Asimismo, menciona la entrevistada que mediante dichas máquinas se busca crear herramientas para los doctores y cirujanos que prevengan, entre otras cosas, incisiones grandes. Sin embargo, cabe resaltar que no se trata de deshumanizar el contacto que el profesional tiene con el paciente, sino que más bien el robot (máquina) se convierte en una extensión del cirujano con el objetivo esencial de lograr la intervención menos invasiva posible.
Por último, cabe mencionar que lastimosamente una de las barreras principales para el adecuado desarrollo de las ideas de Mohr son que los Estados piensan que es una tecnología muy cara, sin embargo, y como menciona Catherine, esta línea de pensamiento es absurda ya que si se le practica una cirugía no invasiva a alguien, este puede salir del hospital en un día, mientras que en otro tipo de cirugías invasivas, el paciente tiene que tener más tiempo de recuperación, lo cual acarrea más costos para el Estado.
Una vez vista y analizada esa entrevista, soy de la opinión de que Catherine Mohr tiene ideas bastante buenas a las que los Estados le deberían de dar un gran seguimiento. La medicina de hoy en día debería de estar evolucionando de la mano de la tecnología con el fin de garantizar los procedimientos más adecuados y eficaces a los pacientes, y con esto, lograr la mejor calidad de vida de aquellas personas que sufren alguna enfermedad.
Es realmente triste ver cuando a un paciente con cáncer lo someten a quimioterapia ya que es un tratamiento sumamente invasivo y desgastador, para lo cual tengo mis dudas de que si es realmente un medio para lograr una mejor calidad de vida, o un instrumento para alargar la vida de un paciente pero a expensas de un detrimento de la salud importante. Para nadie es extraño que una persona tratada con quimioterapia tiene un antes y un después. Por consiguiente, me parece conveniente poder lograr tratamientos y prevenciones no invasivas que permitan al paciente poder continuar su vida de la manera más normal posible.
En otro orden de ideas, y desde un punto de vista inclusive económico, los Estados siempre deben de invertir en salud para asegurar a su sociedad la mejor atención médica posible, por lo cual no pueden pensar que invertir en tecnología de este tipo es algo caro ya que conforme se van mejorando los procedimientos los gastos posteriores, e inclusive anteriores a la cirugía, se irían reduciendo considerablemente.